Érase una vez un trabajador que no fue a la huelga para joder a los
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sábado, 17 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
Simulaciones afganas de los marines en Virginia
Una marine registra a una figurante afgana en el entrenamiento
Lejos de Afganistán, entre los bosques de Virginia, los marines intentan pacificar a los locales, negociar con ellos y, si las palabras no bastan, apretar el gatillo. Los locales son una troupe de actores afganos que van de base militar en base militar por todo Estados Unidos, y hoy se encuentran en Quantico (Virginia).Marc Bassets para La Vanguardia
Los marines son veinteañeros que se entrenan para entrar en un combate desigual en el que el civil puede ocultar un talibán, y el uso de la fuerza bruta es la mejor propaganda para reclutar insurgentes.
"En Afganistán llevamos treinta años de guerra. Los rusos estuvieron aquí. ahora los americanos. Ustedes nos tienen que respetar, pero vienen y registran nuestras casas sin permiso. Si los talibanes les ven, vendrán por la noche y nos matarán a nosotros y nuestras familias".
Quien habla, a través de un intérprete, es un afgano residente en Estados Unidos que, envuelto en una túnica y con gafas de sol, simula ser el líder de un poblado de Afganistán en el que se esconde un insurgente. La escena se desarrolla en un poblado reconstruido en una pradera de Quantico. El ejercicio pretende enseñar a los marines a comunicarse con los civiles, a escucharlos y a extraer la información necesaria para localizar a los malos.
Ante el afgano, un marine barbilampiño, equipado con casco, chaleco antibalas y un fusil M-16, acierta a prometer: "Nosotros podemos sacar a estos hombres malvados de su pueblo, y ustedes estarán protegidos".
Es la primera vez que el marine se enfrente a una situación semejante, y aplica como puede lo que sus superiores, que han vivido situaciones similares en Irak o en Afganistán, le han explicado.
El afgano le responde, y en sus palabras se adivina también una lección para el aprendiz de guerrero.
"Ustedes tienen que respetar nuestra cultura. Entran a una casa sin permiso de nadie. Quizá hay seis niños dentro, y mujeres. Si no son sus enemigos, se convertirán en sus enemigos". La conversación se prolonga unos minutos, hasta que a unos metros se escuchan disparos. Los otros marines del pelotón han dado con el insurgente en el interior de una casa. El tiroteo ha sorprendido al negociador desprevenido. Mal.
"Un error habitual -dice después el capitán Andy Schillace, que ha organizado el ejercicio- es involucrarse demasiado con los civiles y prestar poca atención a otras cosas".
Civiles en un momento, insurgentes en el siguiente; ahora conviene dialogar, ahora matar: los marines se preparan para la nueva guerra. Es la misma guerra que estos días se ha librado en el enclave talibán de Marja, en el sur de Afganistán.
Los marines -la élite de las fuerzas armadas de la superpotencia- han avanzado palmo a palmo, a bombazos primero, y a ahora intentando ganarse a la población, escéptica respecto a la voluntad de los estadounidenses de quedarse y protegerlos.
Ésta es, también, la guerra del presidente Barack Obama, que en diciembre anunció el envío de 30.000 soldados y marines más a Afganistán. En este país, como en Irak en los últimos años de George W. Bush, Estados Unidos aplica la doctrina de la contrainsurgencia.
"La clave del éxito de la contrainsurgencia es ganarse a la población", se lee en el Manual de campaña de contrainsurgencia del ejército y los marines, publicado tras la desastrosa invasión de Irak. Para lograrlo, es preciso dotar a los militares de "competencias políticas, diplomáticas y lingüísticas".
La doctrina no pone tanto el acento en la fuerza bruta -como los bombardeos aéreos- como en la convicción de que los ataques indiscriminados son contraproducentes.
Sin un mínimo de seguridad y de estabilidad institucional es imposible derrotar a una milicia local.
Los marines de Quantico se preparan para esta nueva guerra, y quieren que se sepa: esta semana han invitado a un grupo de periodistas extranjeros a seguir los entrenamientos.
"Una de las cosas en las que hemos trabajado con dedicación es el respeto y el aprecio de las culturas, sea cual sea el lugar del mundo en el que operemos", dice el coronel George W. Smith jr., comandante de la escuela de oficiales de la base.
La palabra "cultura" y "educación cultural" se repite durante las conversaciones en Quantico.
Los instructores se esmeran en educar a los marines -hombres y mujeres- sobre cómo cachear a los sospechosos. Los hombres con los hombres; las mujeres con las mujeres.
"Dedicamos mucho tiempo a entrenar a los oficiales para que controlen las acciones con la población civil", añade el coronel Smith, que ha estudiado con detalle la insurgencia española contra la invasión napoleónica.
No siempre es posible ni conveniente, sin embargo, "controlar las acciones". El entrenamiento incluye el asalto a una zona urbana -edificios de dos o tres pisos que simulan una zona de guerra- tomada por los insurgentes.
El ejercicio -bombas de humo, balas de fogueo, gritos, adrenalina- podría resultar veraz si no fuese porque los periodistas se pasean por las calles y casas como si nada sucediese.
En la jornada de puertas abiertas, éste es el momento en el que más visible es la ferocidad de los marines, en el que uno puede hacerse una idea más aproximada de lo que representa un combate calle a calle, puerta a puerta.
Para los alumnos de Quantico, en etapa de formación, la realidad de la guerra es tan extraña como para muchos de los periodistas que les observan.
La ventaja respecto a generaciones anteriores de marines es que ahora quienes les enseñan sí conocen la guerra. Al terminar la batalla, el mayor Albino Mendonça, nacido en las Azores, recuerda que cuando él estudiaba en Quantico esto no ocurría.
Desde Vietnam, en los años sesenta, Estados Unidos no había librado una guerra a gran escala; durante unos años pareció que los marines acabarían especializándose en operaciones quirúrgicas y humanitarias.
"Somos luchadores feroces. Siempre lo hemos sido, y en mi opinión nos ha ido bien. La gente nos teme, se lo piensa dos veces antes de luchar contra nosotros. Pero si la población se nos vuelve en contra, malo. Significa que debemos recobrar la confianza". dice el mayor Mendonça, que ha combatido en Irak.
"No hay mejor amigo que un marine -añade en otro momento-. Ni peor enemigo".
Cuerpo de marines: 202.000
En Irak: 3.000
En Afganistán: 18.500
- Pocos y orgullosos.
Algunos eran civiles hace unos meses y dentro de unos meses estarán luchando en Afganistán con los marines, la élite de las fuerzas armadas de Estados Unidos, los más feroces y temidos, y también los más admirados y mitificados en el cine y en la conciencia colectiva. "Ser marine es algo especial". La frase la pronuncia Daniel Estrada, un marine que nació en Colombia hace 22 años y emigró a Nueva York a los seis. Estudió en la escuela naval de Annapolis y quiere ser piloto. Y es así: los marines se sienten especiales. The few, the proud, dicen de sí mismos. "Los pocos, los orgullosos". La instrucción inicial de once semanas para poder ser marine es durísima. Las películas -la primera parte de La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick, es un referente entre los marines- no exageran. La fase inicial sirve de criba, y sirve también para transformar a ciudadanos civiles en máquinas de guerra, algo así como sacerdotes soldados, dedicados a la vida monacal de los marines y lejos de la caótica vida civil. Los alumnos de la llamada Escuela Básica de Quantico (Virginia), como Estrada, han superado esta instrucción, de modo que ya son oficialmente marines. Ahora es el momento de formarlos. Son oficiales, lo que significa que cuando entren en guerra liderarán los pelotones; para ser oficial es necesario tener una licenciatura universitaria. Una vez superada esta etapa se especializarán, y algunos irán pronto a la guerra. Como Taylor Evans, 23 años, de Carolina del Norte y licenciado en Historia, que en seis meses podría estar en Afganistán. "Siento miedo y excitación", dice. "Pienso en ello, pero tengo ganas de que me movilicen", explica Hannah Patston, una ex contable de 27 años.
- Actores afganos entre marines.
Las camionetas desembarcan en la base de Quantico. Salen decenas de afganos. En un poblado falso construido en una pradera de la base construyen un mercadillo y se ponen ropas típicas. "Venga, venga", les mete prisa el jefe, de aspecto anglosajón. Los marines llegan enseguida, e intentan tomar el control del pueblo y encontrar a un insurgente escondido. Los afganos hacen el papel de la población local, siguiendo un guión diseñado para colocar a los marines ante situaciones que se encontrarán en Afganistán cuando deban negociar con las autoridades locales. Los actores trabajan para una empresa con sede en Orlando (Florida) llamada Defense Training Systems (DTS), una de las numerosas compañías privadas que suministran sus servicios al Departamento de Defensa de Estados Unidos. En su página web, DTS ofrece, entre otros servicios, "mercados realistas que actúan como acceso cultural durante los ejercicios de entrenamiento previos al despliegue". Es decir, mercadillos orientales en los que los militares, que quizá nunca hayan salido de su país, pueden intuir el choque cultural que están a punto de sufrir. Uno de quienes participó en el ejercicio de Quantico -y que hacía el papel de insurgente- acabó detenido. Explicó que vivía en el Estado de Georgia y llevaba en Estados Unidos desde los años ochenta. Según este actor, los trabajos son esporádicos. El grupo suele desplazarse entre bases militares donde los militares se entrenan. Él cree que con este trabajo prepara mejor a los marines y puede salvar vidas. Los actores son una parte esencial en el entrenamiento cultural de los marines. Uno de los errores reconocidos de la invasión de Irak fue el desinterés inicial por ganarse a la población local y protegerla, lo que alimentó la hostilidad hacia las fuerzas de ocupación. La palabra clave ahora en el Pentágono es cultura. Hay que preparar a los soldados y marines para entender las culturas locales y ganar "corazones y mentes" como ya se decía en Vietnam. Los juegos de rol con población local son una parte imprescindible del entrenamiento.
domingo, 21 de febrero de 2010
España tendrá de forma permanente un total de 1.549 efectivos en Afganistán, y triplicará su contingente inicial
"En los ocho años en la misión ISAF de Naciones Unidas liderada por la OTAN, España ha participado con cerca de 14.000 militares, con un coste total de 1.550 millones de euros (unos 2.100 millones de dólares).EFE para Yahoo! Noticias
España tendrá de forma permanente un total de 1.549 efectivos en Afganistán, y triplicará su contingente inicial, con el último despliegue de tropas aprobado por el Congreso de los Diputados, la cámara baja del Parlamento español.
Un total de 511 militares y 40 guardias civiles se unirán próximamente a las tropas españolas, que llegaron al país asiático a finales de enero de 2002, con un primer grupo formado por 370 soldados.
En los ocho años en la misión ISAF de Naciones Unidas liderada por la OTAN, España ha participado con cerca de 14.000 militares, con un coste total de 1.550 millones de euros (unos 2.100 millones de dólares).
En julio de 2004, pocos meses después de la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se elevó el tope del contingente permanente, pasando de 485 soldados a 540.
Desde entonces, el Ejecutivo español ha ido incrementando progresivamente el número de tropas, con refuerzos temporales para la seguridad en los proceso electorales celebrados en Afganistán, el último de ellos de 450 soldados que ya terminó su labor.
A la espera de que se incorpore el nuevo contingente de 511 soldados y 40 agentes, autorizado por la Comisión de Defensa del Congreso el pasado miércoles, España cuenta en la actualidad con 998 militares de forma permanente.
No están incluidos los 70 soldados encargados de la seguridad del aeropuerto de Kabul, que volverán a España cuando concluyan su tarea el próximo 30 de marzo.
De la actual fuerza estable, 462 militares están destinados en la base de Herat, y 443, en el equipo de reconstrucción provincial de Qala i Naw, en la provincia occidental de Badghis.
A ellos se unen los 52 instructores encargados de la formación del Ejército afgano cerca de Herat -en los llamados equipos OMLT-, y los 41 militares repartidos en el cuartel general de ISAF en Kabul y en el del Centro Regional Oeste de Herat.
Los 511 militares adicionales, que se irán incorporando a partir de finales de marzo, integrarán tres equipos de formación del ejército afgano y las unidades de apoyo para su seguridad en la provincia de Badghis, además de reforzar los cuarteles generales de ISAF.
Este envío responde a la petición de la OTAN y de Estados Unidos ante la nueva estrategia en Afganistán, que pasa por acelerar la transferencia a las autoridades locales de las responsabilidades en todos los ámbitos, entre ellos, la seguridad.
El proceso de "afganización", que cuando se complete posibilitará la salida de las tropas internacionales, incluye además la reconciliación con los talibanes que renuncien a la violencia.
En la actualidad, la misión ISAF está compuesta por cerca de 80.000 soldados de 43 países.
El número de militares fallecidos en este período ha sido de 90, después de la muerte del soldado de origen colombiano John Felipe Romero Meneses en un atentado el pasado día 1.
sábado, 20 de febrero de 2010
Holanda se irá de Afganistán tras bloqueo de socialistas
(Jan Peter Balkenende y Wouter Bos)
"El pedido de la OTAN es inaceptable", aseguró el líder del Pvda, quien explicó que no cambiará de opinión porque entre sus promesas electorales figuraba que antes de fines de 2010 no quedaría ningún soldado holandés en misión militar en Afganistán.ANP para El Universal (Venezuela)
El veto impuesto por los socialistas holandeses, en el gobierno de coalición en La Haya, a que las tropas holandesas sigan en Afganistán, como les solicitó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), provocará que Holanda abandone su presencia en el país centroasiático en agosto próximo, informó la agencia de prensa holandesa ANP.
Según la ANP, el rechazo definitivo a la permanencia por un año más de los 1.600 soldados holandeses desplegados en la explosiva provincia de Uruzgan, en el sur del país, a pesar de un pedido en tal sentido de la Alianza Atlántica, podría abrir una crisis grave interna entre los partidos de la coalición, citó DPA.
En ese sentido, el secretario general del Partido del Trabajo, Pvda (laboristas), Wouter Bos, informó a sus socios de la coalición de Gobierno, los cristianodemócratas del CDA y el partido cristiano Unión Cristiana, que su decisión está tomada.
Wouter Bos ha pedido que el consejo de ministros en La Haya responda oficialmente - y con una negativa- a la petición efectuada hace pocos días por el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, para que Holanda se quedara en Uruzgan, una de las provincias más peligrosas de Afganistán.
"El pedido de la OTAN es inaceptable", aseguró el líder del Pvda, quien explicó que no cambiará de opinión porque entre sus promesas electorales figuraba que antes de fines de 2010 no quedaría ningún soldado holandés en misión militar en Afganistán.
No obstante, el primer ministro (del CDA), Jan Peter Balkenende, pidió al Pvda que examine "con cuidado" su decisión.
"Se trata de la imagen internacional de Holanda. Estamos en una fase en la que tenemos que ceder responsabilidades (en materia de seguridad) a los afganos", pidió Balkenende.
El rechazo del Pvda -el socio más fuerte de la coalición de gobierno junto al CDA- a la permanencia holandesa en Afganistán supone un veto explícito.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Defensa cita mañana a la oposición en el Estado Mayor y el día 17 pedirá permiso para ampliar tropas
El Ministerio de Defensa ha citado mañana a los portavoces parlamentarios en esta materia para una reunión con los jefes de Estado Mayor con el fin de informarles de la situación de la misión española en Afganistán y la estrategia de la Cumbre de Londres. Se calcula que dos días después, el viernes, el Consejo de Ministros aprobará el aumento del contingente y el día 17 la ministra Carme Chacón acudirá al Congreso para pedir la perceptiva autorización.Europa Press para Yahoo! Noticias
El departamento que dirige Chacón había convocado a los portavoces parlamentarios el pasado 1 de febrero para que los Jefes del Estado Mayor les dieran cuenta de la misión que llevan a cabo las tropas españolas en Afganistán. No obstante, el atentado con una mina anticarro sufrido ese día por un convoy español, que provocó la muerte del soldado John Felipe Romero Meneses y dejó heridos a otros seis militares, hizo que este encuentro tuviera que ser aplazado.
Esa reunión se celebrará finalmente el mañana por la tarde. En la misma, los Jefes de Estado Mayor también informarán a los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios en la Comisión de Defensa de la estrategia para Afganistán pactada el pasado 28 de enero en Londres, donde la comunidad internacional acordó contribuir con al menos 100 millones de euros al plan del Gobierno afgano con el fin de tratar de persuadir a los talibán para que depongan las armas a cambio de dinero o trabajo.
El encuentro con el Estado Mayor tendrá lugar una semana antes de que la ministra de Defensa acuda a la Cámara Baja a pedir autorización a las Cortes para mandar al país asiático un nuevo contingente compuesto por 511 militares, una decisión que se prevé que sea acordada por el Consejo de Ministros el próximo viernes.
- El PP pidió la presencia de Zapatero.
El PP solicitó que fuera el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el que diera las explicaciones pertinentes sobre la situación de nuestras tropas en Afganistán, antes incluso de la Conferencia de Londres, una petición que fue rechazada en la Diputación Permanente del Congreso --el órgano que sustituye al Pleno en periodos no ordinarios de sesiones-- del pasado 21 de enero.
Entonces, los 'populares', a través de su portavoz de Defensa, Beatriz Rodríguez Salmones, afearon a Zapatero que haya sido el único presidente de los más de 40 países con tropas en el país asiático que no ha dado explicaciones en el Parlamento en este sentido.
En esa Diputación Permanente también se debatió una solicitud del grupo que comparten ERC, IU e ICV en la que se reclamaba la comparecencia urgente de Chacón en sede parlamentaria antes de la celebración de la Cumbre de Londres. Sin embargo, esta petición quedó pendiente ante el compromiso del Gobierno de informar al Congreso una vez que se tomase la decisión de ampliar el contingente.
- Presencia española en Afganistán.
Actualmente son 1.068 los efectivos que las tropas españolas mantienen en el país asiático, divididos entre las bases de Herat y Qala-i-Naw, así como en el aeropuerto de Kabul. Sin embargo, esta cifra se verá incrementada en los próximos meses en otros 511 soldados, respondiendo así a la petición a sus aliados del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Desde que las primeras unidades españolas llegaron al país asiático a finales de 2002, un total de 92 militares españoles han perdido la vida en Afganistán durante su participación en la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) y en la misión 'Libertad Duradera'. De ellos, 81 murieron en accidentes, ocho en combates o atentados -el último, el soldado John Felipe Romero Meneses el pasado 1 de febrero- y otros tres a causa de infartos.
domingo, 31 de enero de 2010
La historia jamás contada de Afganistán
Al igual que sus imperiales predecesores en Washington, Londres y Rusia, Barack Obama está convencido de que su ejército puede de alguna manera convertir a Afganistán en una nación donde el imperio que dirige pueda hacer lo que se le antoje. Como los autores de Afghanistan: The Untold Story dejan claro, sus posibilidades de éxito son bien magras. La historia no está de su parte.Ron Jacobs Counter Punch, traducción de Sinfo Fernández en La República
En la primera semana de 2010, cinco soldados estadounidenses murieron en Afganistán. En la última semana de 2009 se registró la muerte de ocho agentes de la CIA en aquel país. Pero muchos más civiles afganos murieron asesinados durante ese período, incluidas las aparentes ejecuciones de varios muchachos por personas que pertenecían al ejército estadounidense o que trabajaban a su servicio. Además, fuerzas insurgentes atacaron a un funcionario del gobierno de Karzai en el este de Khost y en Herat se lanzaron cohetes hacia el lugar donde se ubicará el futuro consulado de EEUU. El 6 de enero de 2010 se informó que la administración Obama estaba enviando mil expertos civiles estadounidenses más al país para que ayudaran en supuestos proyectos de reconstrucción. Esta noticia fue recibida con escepticismo por los afganos tanto dentro como fuera del gobierno. El embajador afgano ante las Naciones Unidas señaló que pocos afganos confiaban ya en esos supuestos esfuerzos de reconstrucción y que EEUU haría mejor en contratar a afganos para que llevaran a cabo las labores de reconstrucción en lugar de enviar ciudadanos estadounidenses “creando estructuras paralelas que no hacen sino arruinar los esfuerzos del gobierno afgano”. El embajador debe ser muy consciente de que la historia de las reconstrucciones de EEUU, ya sea en Afganistán o en Iraq, es un legado de corrupción, construcciones deficientes y esfuerzos fallidos que no beneficiaron más que a las compañías extranjeras que consiguieron los contratos.
A pesar de la situación anteriormente mencionada y de los ocho años de comparable fracaso que precedieron a las semanas arriba descritas, la administración Obama está enviando al menos 30.000 soldados más a la refriega afgana. Además, habrá un número no especificado de mercenarios que se añadirán a las cifras de tropas ocupantes. Al igual que sus imperiales predecesores en Washington, Londres y Rusia, Barack Obama está convencido de que su ejército puede de alguna manera convertir a Afganistán en una nación donde el imperio que dirige pueda hacer lo que se le antoje. Como los autores de Afghanistan: The Untold Story dejan claro, sus posibilidades de éxito son bien magras. La historia no está de su parte.
Ese libro, publicado poco después de la elección de Obama en 2008, entraña una mirada a la historia de Afganistán, centrándose sobre todo en los últimos cien años. Las cuestiones principales se refieren a la naturaleza de la situación de Afganistán en las luchas regionales e internacionales por el poder y el control en Asia Central. Desde Alejandro Magno hasta Barack Obama y el General McChrystal, Afganistán ha significado frustración, y hasta ahora, en todas las ocasiones, ha implicado también derrota para el invasor. Los autores, los periodistas Paul Fitzgerald y Elizabeth Gould, presentan ante el elector el perenne fracaso de Gran Bretaña a la hora de someter a los ejércitos de Afganistán, sin que importara quién gobernaba en cada momento esa nación.
Según Fitzgerald y Gould, la razón principal de ese fracaso fue el debate sobre las zonas dominadas por los pastunes (Pastunistán) que fueron reclamadas por Gran Bretaña bajo el Acuerdo Durand, y que los nacionalistas afganos consideraban parte de Afganistán. Aunque estaba perdiendo ya su imperio, Londres se implicó en una lucha continuada sobre esas tierras y pueblos al crear Pakistán fuera del subcontinente indio y dividir Pastunistán en dos.
Después de la segunda guerra mundial, EEUU se trasladó a las antiguas colonias de Gran Bretaña, estableciendo pactos económicos y defensivos en su deseo de cercar a la Unión Soviética. Al igual que Gran Bretaña antes, las interacciones de Washington con Afganistán exhibieron una ignorancia del deseo histórico de no alineamiento por parte de Afganistán. Esta ignorancia se combinó con la insistencia en que cualquier expresión de ese deseo demostraba que Moscú estaba influyendo en la política de Kabul. Fitzgerald y Gould escriben que esto no se produjo por accidente. En realidad, fue el resultado lógico de una directiva de seguridad nacional de 1950 conocida como la NSC 68. Esta directiva, escrita por el ala anticomunista y militarista del establishment de la política exterior estadounidense, insistía en que la Unión Soviética trataba de establecer una hegemonía mundial y que la única vía para impedirlo era que EEUU se le adelantara. La esencia de la filosofía que motivó esa directiva era sencilla: o uno estaba del lado de Washington o uno se convertía en el enemigo. El resultado directo de esa directiva fue la creación de una economía de guerra permanente y la creación de un estado de seguridad nacional. En la práctica, eso significó en parte que las luchas por la liberación nacional y los deseos nacionales de no alineamiento se percibían como inspirados por los soviéticos y, por tanto, formando parte del campo enemigo. Además, los estadounidenses que se oponían a esas políticas de EEUU eran considerados potenciales traidores.
En el mundo musulmán, esta visión condujo a que Washington comenzara a cortejar a la derecha islámica. Una razón fundamental para esa alianza fue que la derecha islámica odiaba la filosofía marxista. Además, ciertos personajes poderosos, como William Casey de la CIA, consideraban a la derecha islámica como sus hermanos espirituales, ignorando, en el mejor de los casos, su misoginia y métodos brutales y, en el peor, endosando tácitamente esas prácticas. La alianza empezó con la ayuda subrepticia del MI5 británico y de la CIA a elementos de los primeros Hermanos Musulmanes en su lucha contra el nacionalista egipcio Abdel Nasser, y encontró su expresión final cuando se dedicaron a armar, bajo Carter y Reagan, a los grupos de muyahaidines afganos.
La implicación de EEUU en Afganistán que empezó con Jimmy Carter no fue accidental. Fue el resultado de los esfuerzos concertados de la derecha estadounidense para recuperar su poder tras la derrota en Vietnam. Finalmente, esos triunfantes esfuerzos, dirigidos por neocon como Zbiegniew Brzezinski y Richard Pipes y ayudados por liberales como Barney Frank y Paul Songas, supusieron el resurgimiento del ala pro-militarista del establishment político como principales arquitectos de la política exterior estadounidense. Según los autores, lo que eso significó para Afganistán fue que Washington “apoyaba (ahora) a una clase de mullahs y terratenientes que durante generaciones habían estado combatiendo cualquier reforma social” y que “se implicó en un proceso que hizo que la evolución social en Afganistán retrocediera hasta la Edad de Piedra”. La guerra de los muyahaidines y lo que siguió destruyó todos los progresos sociales conseguidos por los anteriores gobiernos afganos. Las mujeres y niñas fueron relegadas a un status de segunda clase y la intolerancia fundamentalista estaba a la orden del día.
La historia contada dentro de las tapas del libro es la historia de una antigua nación que durante el pasado siglo trató de crear una sociedad libre y tolerante. Es también la historia de una nación cuya geografía la ha situado en el centro de muchas batallas de los grandes poderes en un intento de colonizarla. La lucha por la tolerancia y la justicia se produjo bajo monarquías, regímenes localistas, regímenes capitalistas autocráticos y democracias. En la opinión de los autores, esas luchas se convirtieron en una guerra civil cuando EEUU empezó a armar a los señores de la guerra y a las fuerzas religiosas reaccionarias en su guerra contra los soviéticos. El caos que sobrevino tras esa decisión produjo la destrucción de las fuerzas que trabajaban en favor de la modernidad, y la llegada al poder de las fuerzas reaccionarias. Justo en ese momento, el caos en Afganistán se convirtió en una batalla entre los poderosos señores de la guerra y los talibanes, con EEUU colocado al lado de varios señores de la guerra en lucha contra su progenie: los talibanes. Esto sitúa directamente la responsabilidad de la desesperada situación de Afganistán en las manos de los políticos estadounidenses: la corrupción del gobierno de Karzai, los talibanes, el ácido en el rostro de las muchachas, los señores de la guerra, el comercio de heroína, etc. También nos plantea si no fue siempre ésa la intención de esos políticos.
Si hay algún defecto en ese texto, no está en la escritura o en la historia sino en la aseveración de que únicamente los elementos neoconservadores de la estructura de poder estadounidense son los responsables del pasado reciente y de la actual situación afgana. Uno podría asumir tal implicación si no fuera por los antecedentes históricos. Cada voto del congreso para financiar la agresión estadounidense en Afganistán ha sido precisamente para tal fin, mientras que los medios dominantes de EEUU rara vez se han cuestionado la guerra o las razones ofrecidas para esa guerra. En efecto, cuando Ronald Reagan posaba con los muyahaidines para las fotos, éstos eran celebrados en todos los medios como luchadores por la libertad. La política de EEUU, en lo que ahora se denomina como la guerra de AfPak, no es una política de la derecha o de los liberales, sino del mismo establishment de Washington. La muda respuesta a la reciente escalada de Obama no es sino la prueba más reciente de este hecho.
“Afghanistan: The Untold Story” termina con una serie de recomendaciones para Barack Obama. La primera y la última de esas recomendaciones son las más esenciales: La número uno es muy sencilla: parar de matar afganos. La última es un poco más compleja. Fitzgerald y Gould recomiendan que se vuelva a abrir el debate sobre la identidad nacional de Estados Unidos. Según ellos, ese debate se clausuró el 7 de diciembre de 1941, cuando los japoneses atacaron Pearl Harbour y el estado de seguridad nacional pasó a ocupar una posición omnipresente. Desde donde me encuentro hoy, parece como si el Sr. Obama no hubiera tomado en cuenta ninguna de esas recomendaciones. Así es, sus políticas son una continuación del pasado. Y si lo que desean son pruebas, les sugiero que lean el discurso de Obama justificando la escalada de la guerra en Afganistán [1] y las historias en los medios acerca de la matanza en curso de civiles afganos por las fuerzas estadounidenses [2].
N. de la T.:
[1] A este respecto, puede consultarse la traducción al castellano del artículo de Justin Raimondo “El discurso bélico de Obama” publicado en Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php...
[2] A este respecto, pueden verse, entre otros, los artículos del Profesor Marc W. Herold publicados en Rebelión: http://rebelion.org/noticia.php?id=...; http://rebelion.org/noticia.php?id=90410
Ron Jacobs es autor de The Way the Wind Blew: a history of the Weather Underground, que Verso acaba de reeditar. El ensayo de Jacobs sobre Big Bill Broonzy está recogido en la colección de CounterPunch sobre música, arte y sexo: Serpents in the Garden. Su primera novela, Short Order Frame Up, ha sido publicada por Mainstay Press. Puede contactarse con él en: rjacobs3625@charter.net
sábado, 23 de enero de 2010
Afganistán de nunca acabar
La operación ha tenido un coste para las arcas públicas de 1.550 millones de euros; 365 sólo en el último año. Estas cifras superan con mucho a las que nuestro país dedica a ayuda al desarrollo en este Estado: 210 millones en el periodo 2006-2012, de los que ya se llevan ejecutados unos 130.Antonio Sarrión para El Siglo
Afganistán de nunca acabar
El próximo 28 de enero tendrá lugar la Conferencia Internacional sobre el futro de Afganistán, en Londres, y en la que también, vistos los últimos acontecimientos, se podría dedicar un amplio espacio al debate sobre la situación en Yemen.
Apenas dos meses antes de este evento, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pronunciaba un estratégico discurso en la academia militar de West Point, en el que exponía con detalle la nueva estrategia para Afganistán, donde las tropas norteamericanas –en su inmensa mayoría–, y de otros 40 países llevan una década sin conseguir el más mínimo avance, en una situación que recuerda lo que le sucedió al ejército soviético en la década de los 80, en el mismo escenario.
Obama parece dispuesto a poner fin a la situación, en primer lugar, estableciendo una fecha límite para el traspaso de responsabilidades a las propias fuerzas armadas afganas, y para la retirada del contingente internacional del país: julio de 2011. Sin embargo, parece convencido de la posibilidad de una victoria militar, pese a los magros resultados que, hasta la fecha, ha producido la ocupación. Por ello, en la exposición de la denominada ‘nueva estrategia’, y que ha sido debatida con el Alto Mando de su ejército, el inquilino de la Casa Blanca ha comprometido el incremento de sus efectivos en la zona en otros 30.000 soldados, contando también con otros 10.000 más que sus aliados se han comprometido a aportar.
No obstante, en el discurso presidencial se encontraban algunos ‘avisos’ importantes. Uno, para el presidente –bajo permanente sospecha- afgano, Hamid Karzai, cuando advertía que se había “acabado el tiempo de los cheques en blanco”. Otro, para la propia población estadounidense y el entramado de intereses que se concentran en esta zona del mundo: “Tiene que quedar claro que los afganos tienen que asumir la responsabilidad de su propia seguridad y que Estados Unidos no tiene interés en luchar una guerra interminable en Afganistán”.
Para financiar esta nueva fase de la guerra, Obama ha solicitado al Congreso otros 30.000 millones de dólares, y para su plan cuenta con el absoluto respaldo de su cúpula militar, “me siento alentado por el compromiso demostrado en el discurso del presidente. Hay ahora una concentración en Afganistán que nunca ha habido antes”, afirmaba la pasada semana el general Stanley McChrystal, que dirige a las tropas de la coalición internacional en suelo afgano, y al que muchos consideran el autor en la sombra de esa nueva estrategia.
Como se comentaba en estas líneas, el resto de los países que participan en la invasión han comprometido otros 10.000 efectivos, de los que 511 serán proporcionados por España. El pasado 17 de diciembre, la ministra de Defensa, Carme Chacón, hacía este anuncio en el Congreso de los Diputados, algo que el propio Obama le agradecía en persona a José Luis Rodríguez Zapatero un día después, en Copenhague, cuando ambos asistían a la fracasada Cumbre sobre el Clima.
En fuentes gubernamentales explican esta decisión, más allá de las afinidades entre ambos presidentes, en la coincidencia con aspectos fundamentales de la ‘nueva estrategia’, como son la fecha límite para la retirada de las tropas, el compromiso de procurar que las autoridades locales vayan asumiendo paulatinamente la responsabilidad sobre la seguridad del país, el fin de los bombardeos indiscriminados que producen cientos de víctimas inocentes entre la población civil, y la implicación de otros países de la región, especialmente de Pakistán, en la resolución del conflicto.
De todos modos, el envío de estos 511 soldados adicionales se someterá a la aprobación del Congreso (lo que parece garantizado con los votos de PSOE, PP, CiU y, probablemente, PNV) el próximo mes de febrero.
En la actualidad hay 1.070 soldados españoles en el país, donde nuestro ejército permanece desde hace ocho años. En este tiempo, se han producido 88 bajas entre nuestros compatriotas, y la operación ha tenido un coste para las arcas públicas de 1.550 millones de euros; 365 sólo en el último año. Estas cifras superan con mucho a las que nuestro país dedica a ayuda al desarrollo en este Estado: 210 millones en el periodo 2006-2012, de los que ya se llevan ejecutados unos 130.
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